síguenos 

     Número 37 - Agosto de 2012


ARTÍCULOS
Anales del Congreso
Nico Verbeek
El Congreso de la República de Colombia tiene una fama bien ganada de circo de vergüenza nacional y no es necesario perder energías en reiterar las críticas de siempre. Por razones de oficio me tocó hacer una investigación exhaustiva de los debates de Senado y Cámara, y por unas semanas me enterré en el Edificio Santa Clara a desmenuzar varios años de La Gaceta del Congreso para leer los debates donde participaba Ingrid Betancourt.

Mi lugar de trabajo era un salón pequeño ubicado en la planta baja, donde se encontraban guardados, en dos estantes, los anales del Congreso; perfectamente archivados en grandes libros azules de medio metro de altura. En estos libracos se puede leer cómo los mismos Gerleins, Merlanos, Espriellas, Guerras y Names de siempre legislan en beneficio propio, cuelgan micos de toda especie a cualquier proyecto de ley para ayudar a su familia o a sus patrones (del mal), a quienes en la sombra patrocinan el contenido de leyes o enmiendas.

Por momentos la lectura ofrece alguna ingrata sorpresa. Por ejemplo, ver que un tal Samuel Moreno, en buena compañía de otro tal Jaime Dussán, a mediados de los noventa estaba muy ocupado afilando su estilo político, que culminaría unos años después con el ataque definitivo a los dineros públicos de Bogotá. Muy entretenidos estaban los jóvenes políticos votando a favor de todo narco-proyecto que se les cruzara en el camino. Samperistas los dos de vieja data, buscarían años después escampadero en las filas del Polo Democrático; muy cerca estuvieron de acabarlo definitivamente.

Si unas pocas personas hubieran leído estos pesados libros, si más gente se hubiera enterado en qué andaban los señores Moreno y Dussán en sus "años mozos", tal vez nunca hubiera ocurrido el desastre de Bogotá. Conclusión preliminar: ¡Las lecturas insoportables pueden ser muy útiles!

También encontré unas historias graciosas, digamos de índole farandulera, que me hicieron llevaderos los días largos y agotadores en ese sótano donde respiré polvo y luché contra el sueño. Claro que el objeto de mi investigación me ayudaba un poco, porque con Ingrid Betancourt vale el dicho inglés "never a dull moment" (nunca un momento aburrido), que se cuelga sobre los personajes con una biografía novelesca. No solo supe de primera mano las historias increíbles sobre su lucha en contra de la justicia sin rostro, junto a su amante de entonces, Carlos Alonso Lucio, sino también de sus épicas batallas verbales contra el entonces Ministro del Interior, Néstor Humberto Martínez; y de sus "debates" con personajes tan pintorescos como el narrador deportivo Édgar Perea y politiqueros como el hoy octogenario gobernador de Sucre, Julio César Guerra Tulena. Y dicho sea de paso, los padres (y las madres) de la patria de ese entonces sí sabían usar palabras de calibre grueso durante los debates, que infortunadamente en las versiones escritas eran retocadas ligeramente; pero eso sí: no eran aptos para horario infantil ni para oídos castos y melindrosos.

En enero de 2001 hubo un agarrón entre Ingrid Betancourt y una de sus colegas, resumido de la siguiente manera por un periódico de la época: "Una acalorada discusión se dio la semana pasada en el Congreso de la República entre las parlamentarias Ingrid Betancourt y María Cleofe Martínez. A Ingrid le dio por hablar de las buenas costumbres y la moralidad con que ella gobernaba su vida. María Cleofe, quien fue madrina del matrimonio de Viviane Morales y Carlos Alonso Lucio, se sintió aludida y acabó gritándole a Betancourt que ella respiraba por la herida porque Viviane se iba a casar con el gran amor de su vida".

Ha llegado el momento de entrar en materia: el papel de Carlos Alonso Lucio en la vida de Ingrid Betancourt y en la política colombiana, pues el hombre dejó un rastro hondo que se ha ido borrando de la memoria nacional. No cabe duda que su vida agitada contribuyó a la salida de la fiscal Viviane Morales luego de que se decretara nula su elección. ¿Será que el presidente Juan Manuel Santos, al postular a Morales para fiscal general de la nación, ignoraba la relación entre la exfiscal y Lucio?

Anales del Congreso

¿O quizá tenía la esperanza de que nadie la recordara? ¿Será que la oposición uribista jugó bien sus cartas y logró con "el caso Lucio" sacar a Morales de su cargo, por el "bien" de la causa de los uribistas presos y sindicados? Pues lo lograron. Conclusión para el intermedio: la memoria histórica es selectiva y es rescatada por quienes la saben usar en beneficio propio.

La historia de Carlos Alonso Lucio e Ingrid Betancourt como miembros de los autodenominados "Cuatro Mosqueteros" es cuento aparte. Los otros dos mosqueteros eran Guillermo Martinezguerra y María Paulina 'Pum Pum' Espinosa, pero iban a la saga de sus colegas. Pretendían limpiar la política colombiana, pero ellos mismos terminaron involucrados en escándalos mayores.

Primero, en 1994 pretendieron poner en tela de juicio un contrato del Ministerio de Defensa para la fabricación de unas armas de marca Galil según estos defensores de la ética pública, no cumplían todos los requisitos. Sin embargo, la historia terminaría muy distinto: resulta que cada uno de los cuatro mosqueteros tenía rabo de paja, pues mantenía alguna relación con contratistas competidores y perdedores como Ingram y Colt. Fue en esa época que Betancourt se ganó dos apodos poco halagadores: Ingram Betancourt e Ingrid Betancolt.

Carlos Alonso Lucio era un ex militante del movimiento insurgente M-19 que a comienzos de los años noventa se había convertido en un político exitoso. Tenía un gran talento como orador, además –cuentan quienes lo conocían– de una inteligencia sorprendente. Y tenía también un cheque en blanco: excelentes contactos con los líderes del Cartel de Cali, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, de quienes se convertiría en portavoz no oficial a partir de 1995.

Carlos Alonso Lucio era de ese tipo de hombres contra los que las madres –casi siempre en vano– previenen a sus hijas: un adulador, un "lady killer", uno de esos tipos que acaparan la atención en cualquier reunión. Por eso no es extraño que Betancourt, a finales de 1994, hubiera cambiado su compañero sentimental, un hombre mayor llamado Germán Leongómez, por el joven y dinámico Lucio.

El propósito del justiciero Carlos Alonso Lucio era sacar a la luz pública reales o supuestos casos de corrupción que sirvieran como trampolín para su carrera política. Su cófrade en esa cruzada en busca de su popularidad fue Ingrid Betancourt. En el Congreso Lucio se convirtió en un personaje que llamaba mucho la atención. Después de su papel en el caso Galil y de sus visitas, a veces en compañía de Betancourt, a los jefes de los carteles para lograr un "Acuerdo Integral de Paz", se enfocó en la lucha contra la justicia sin rostro, una figura judicial que no era del agrado de los capos de la droga.

La justicia sin rostro fue introducida en enero de 1991 durante el gobierno del presidente César Gaviria. Esta figura fue pensada como algo temporal y era una respuesta directa al narcoterrorismo, que entre 1979 y 1991 había causado la muerte de aproximadamente trescientos fiscales y jueces. El punto angular era el anonimato de los jueces, fiscales y testigos involucrados en los procesos contra la mafia. Los sindicados se sentaban en una especie de cubículo, separados de jueces y fiscales. No hay duda de que la medida aumentó considerablemente la seguridad de los miembros de la rama judicial: entre 1991 y 1995 "solo" fueron asesinados dos jueces.

Fueron precisamente Carlos Alonso Lucio e Ingrid Betancourt quienes más criticaron la justicia sin rostro. Betancourt sostenía razones ideológicas y humanitarias para su oposición; en cuanto a Lucio, había cada vez menos dudas sobre sus intenciones. De manera cada vez más franca, Lucio se convertía en el defensor de los intereses de los hermanos Rodríguez Orejuela.

Existe evidencia documental de que durante una visita suya al pabellón de alta seguridad de La Picota, en Bogotá, Carlos Alonso Lucio pidió a varios narcotraficantes de los carteles de Medellín y Cali que estuvieran atentos a su intervención ante la plenaria de la Cámara. El Mosquetero anunció a sus interlocutores denuncias contra la Fiscalía y un ataque frontal contra la justicia sin rostro. De ahí que su propuesta de ley fuera bautizada como el "Proyecto Picota", uno de los más famosos narco micos de la historia patria.

En 1998 Lucio salió clandestinamente de Colombia y pidió asilo en Cuba para eludir un proceso judicial por estafa y falsa denuncia. El asilo le fue negado y después apareció nuevamente en el país, primero en las filas del ELN y después como "consejero" de grupos paramilitares; según cuenta la leyenda, por muy poco logró escapar a una sentencia de muerte impuesta por Carlos Castaño. Finalmente, purgó su sentencia en una cárcel en Colombia, fue liberado pocos años después y se perdió en el anonimato.

Conclusión final: con la fallida reforma a la justicia, un proyecto cuya intención inicial era mejorar el estado de la Rama Judicial en el país, los congresistas, con la complicidad del gobierno, aprovecharon para intentar una mejora a su propia situación jurídica. Si se hubiera aprobado, los jueces habrían encontrado nuevas dificultades para enviarlos a la cárcel o sacarlos de su silla en caso de que tuvieran alguna "diferencia" con el poder judicial.

¿Entonces qué tenemos que hacer? ¿Revocar el Congreso, como Ingrid Betancourt propuso hasta el cansancio en sus años parlamentarios? No creo. Mucho más sencillo, y más complicado a la vez, es aguantar dos años y elegir personas con otras ideas de la política, quienes no entran en ella para su enriquecimiento personal sino para hacer control democrático y legislar por el bien común.

No es fácil. Como decía el recién fallecido novelista y ensayista estadounidense Gore Vidal: la democracia difícilmente funciona cuando el 50% de las personas no votan y el otro 50% no leen periódicos. Cada votante tendría que dar un vistazo a las hojas de vida de los candidatos; y si todavía les queda un tiempito, deberían dárselo a los mamotretos de los anales del Congreso. No lo van a lamentar.UC